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El jueves, el Tribunal de Apelación de la FIA le quitó a Pierre Gasly el podio de Mónaco por segunda vez, cerrando una de las historias más bochornosas del año: un límite de pit lane medido con cinta métrica. El sábado, dos días después, Gasly ha puesto el Alpine —el noveno coche de la parrilla— en la pole de Monza. La primera de su carrera. No arregla nada de lo de Mónaco. Pero sienta de maravilla.

El Tribunal de Apelación de la FIA le ha reimpuesto a Pierre Gasly las dos sanciones de pit lane del GP de Mónaco y lo devuelve del tercer puesto al séptimo. La decisión es jurídicamente impecable. Lo que no lo es: que el límite de velocidad que decide un podio se fije midiendo el asfalto a mano, con cinta métrica y sin un procedimiento escrito.

Entre el 'error de software' del Safety Car en Silverstone, la insólita vuelta de penalización a Sainz y el trato dispar a Antonelli y Hamilton, el GP de Gran Bretaña deja una pregunta incómoda: ¿gobierna la FIA con reglas o con miedo a repetir sus propios fantasmas?

22 años después, Japón vuelve a ganar en MotoGP. Ai Ogura lo ha conseguido en Assen, pero detrás de esa victoria hay mucho más que un resultado deportivo.

George Russell tomó la pole en Austria tras pasar por una zona de bandera amarilla y perder solo 27 milésimas en el sector. La FIA dijo que cumplió el reglamento. Técnicamente, tiene razón. El problema es lo que eso dice del reglamento.

Alonso lleva tres carreras sin hablar con DAZN. El único perjudicado real de este duelo de orgullos es el aficionado español que paga su suscripción cada mes.

Pierre Gasly cruzó la línea de meta del GP de Mónaco en tercera posición. Levantó el puño. Diez años de carrera en Fórmula 1, décadas de trabajo, el circuito más icónico del mundo. Duró poco. Una penalización de 10 segundos post-carrera por superar el límite de velocidad en el pit lane —por 0,1 km/h la primera vez, por 0,4 km/h la segunda— le bajó hasta el séptimo puesto. No fue el único: cinco pilotos más fueron sancionados durante la carrera por la misma infracción. Hamilton, Russell, Piastri, Colapinto y él. Casi una cuarta parte de la parrilla. Eso no es un problema de los pilotos. Eso es un problema de la FIA.

Kyle Busch, bicampeón de la NASCAR Cup Series y el piloto con más victorias en la historia de las tres series nacionales, falleció el 21 de mayo de 2026 a los 41 años. La NASCAR perdió a una figura irrepetible demasiado pronto.

El Mercedes-AMG #3 lideró durante más de veinte horas las 24 Horas de Nürburgring 2026 antes de que una rotura del semieje trasero derecho a tres horas del final entregara la victoria al coche hermano del equipo Winward, el #80 de Maro Engel, Maxime Martin, Fabian Schiller y Luca Stolz. Una carrera extraordinaria. Una narrativa perfecta. Un final de película. Y sin embargo, una pregunta incómoda queda flotando sobre el paddock del Nordschleife: ¿cuántos de los que siguieron la carrera este año habrían sintonizado si Max Verstappen no hubiera estado al volante?

El Hard Rock Stadium volvió a ser escenario de caos, estrategia y espectáculo puro. El Gran Premio de Miami 2026 lo tenía todo: una amenaza de lluvia que nunca llegó pero que condicionó cada decisión en el muro, incidentes en la salida, errores de los grandes y una figura que sigue creciendo a una velocidad que asusta. Kimi Antonelli se llevó su tercera victoria consecutiva, pero esta vez el sabor a dominio absoluto queda matizado. McLaren ha llegado al banquete.

Una reflexión sobre Ayrton Senna, el hombre que condujo como si pilotara con el alma.