El pulso entre Alonso y DAZN: cuando los egos ajenos nos roban la Fórmula 1
Hay algo profundamente irónico en que la única cadena con derechos de la Fórmula 1 en España lleve tres Grandes Premios sin poder entrevistar al piloto español más relevante de la parrilla. Pero aquí estamos. Alonso habla con Telecinco, que emite en abierto por obligación legal, y guarda silencio para DAZN, que es exactamente la plataforma que sus aficionados tienen contratada para verle correr.
Para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hay que remontarse a 2023. En Bakú, una maniobra entre Alonso y Carlos Sainz dejó a Antonio Lobato del lado contrario al del asturiano. No fue nada del otro mundo: dos profesionales con criterios distintos sobre lo que pasó en pista. Lo normal en cualquier retransmisión deportiva. El problema es que a Alonso aquello no le sentó bien, y lo que podría haber quedado en una discusión privada fue escalando en sucesivos encuentros en Barcelona y más allá, con ambos protagonistas reconociendo abiertamente que "nos llamamos cabezones el uno al otro".
El conflicto tenía visos de ser gestionable. Hasta Miami 2026.
En el GP de Miami, Alonso aprovechó los propios micrófonos de DAZN para lanzar una crítica pública a Lobato: "desde el plató se pierde mucha información", dijo, en referencia a una información incorrecta que el presentador había difundido sobre las vibraciones de su Aston Martin. Era una factura presentada en directo, delante de todos. Lobato respondió fuera de cámara, en una entrevista en YouTube, calificando a Alonso de "muy visceral y cabezota". Y ahí se rompió lo que quedaba.
Desde Canadá, Alonso no ha concedido una sola entrevista a DAZN. En Montreal y en Mónaco prefirió atender a F1TV antes que a la única cadena con derechos en España. En Barcelona el desplante fue todavía más evidente: Alonso habló con Telecinco en el garaje antes de la carrera y de nuevo paseando por el paddock, completamente a la vista de todos. Tres Grandes Premios consecutivos de silencio hacia DAZN, con alternativas bien visibles.
Aquí es donde la situación deja de ser una anécdota de vestuario para convertirse en un problema real.
Porque en este duelo de orgullos hay una víctima que no ha participado en ninguna discusión, no ha llamado cabezón a nadie y no tiene ninguna responsabilidad en el asunto: el aficionado español que paga su suscripción a DAZN, precisamente, en buena medida, para ver y escuchar a Fernando Alonso. Ese aficionado se encuentra ahora en una situación kafkiana: tiene contratada la plataforma que tiene los derechos, ve la carrera, pero no puede escuchar al piloto en la única entrevista de acceso privilegiado que hay cada fin de semana, porque dos adultos de más de cuarenta y sesenta años respectivamente no han sido capaces de resolver sus diferencias.
Lo que hace la situación todavía más curiosa es el entramado humano que hay detrás. DAZN no es para Alonso una cadena anónima: en ella trabaja Melissa Jiménez, su pareja, actualmente de baja por maternidad. Y también Pedro de la Rosa, hombre de confianza de Aston Martin y voz habitual de la F1 en la cadena. Dos personas de su círculo más cercano, profesional y personal, en la misma redacción a la que lleva tres carreras sin dirigirse.
Lo que resulta más difícil de entender es la posición de Lobato. El presentador lleva dos décadas narrando la Fórmula 1 en España con Alonso como principal protagonista y atractivo. Ha reconocido públicamente que discutieron, que él también tiene carácter, y que las aguas no han vuelto a su cauce. Bien. Pero en ningún momento se ha conocido un gesto claro de su parte para desescalar la situación. En su lugar, una entrevista en la que calificó al piloto de "visceral y cabezota" ante una audiencia de YouTube. Difícilmente eso contribuye a que Alonso coja el teléfono para arreglar las cosas.
Y entonces llegó Barcelona. Después del Gran Premio, Lobato publicó en su canal de YouTube el vídeo de siempre, "El Garaje de Lobato", con el análisis habitual del fin de semana. Pero antes de terminar, lanzó un mensaje de despedida que no lo era del todo: "No me queda ya mucho por delante, como a él". La frase tiene dos lecturas posibles, y Lobato las conoce perfectamente. La caritativa: un veterano de sesenta años reconociendo que su carrera, como la de Alonso, está en su recta final. La otra: una pulla calculada a un piloto al que se rumorea que está presionando activamente para que deje DAZN. Que ambas lecturas sean simultáneamente válidas es, probablemente, el punto.
Alonso, por su parte, ha convertido lo que nació como un conflicto profesional legítimo —tenía razón en que la información de Lobato sobre las vibraciones era incorrecta— en algo que ya ha trascendido con mucho ese episodio. En Canadá y Mónaco eligió a F1TV antes que a DAZN. En Barcelona fue más lejos: la ley obliga a emitir en abierto el Gran Premio de España, lo que da acceso al paddock a Telecinco, y Alonso los atendió encantado — en el garaje antes de la carrera y de nuevo paseando por el paddock, a plena vista de las cámaras de DAZN. La misma persona que lleva tres carreras sin cruzar una palabra con la cadena de pago española concedía entrevistas sonriente a una televisión generalista. El mensaje era inequívoco: no es que Alonso no quiera hablar. Es que no quiere hablar con ellos.
El resultado: Pedro de la Rosa y Lobato comentan en antena las carreras de un Alonso que no les dirige la palabra. Los aficionados ven una carrera a medias, sin acceso al piloto. Y mientras tanto, en algún despacho de DAZN, alguien estará mirando las cifras de renovaciones de suscripción con cierta inquietud.
Al final, uno no puede evitar preguntarse: ¿cuántas carreras más tiene que pagar el aficionado español por una discusión que no es suya?




